El Viaje
Verano 1970, terminaba mi primer año de estudios en la Escuela de Artes, fué una etapa de experiencias intensas y de resultados alagadores, recuerdo las horas en los talleres de dibujo, una fascinante sesión entre modelo, papeles y carbones que hacían preveer el buen resultado. Afortunadamente tenía una gran habilidad para captar los secretos de un buen dibujo, simplemente saber observar, analizar, para luego mediante el artificio de las líneas, representarlas en el papel.
Me encontraba sentado en el cafetín de la escuela, las argollas de humo con aroma a tabaco negro, danzaban como unas odaliscas alrededor de mi café también negro.
Ser artista era un compromiso que había elegido; me enteraba que el aprendizaje artístico requiere de las habilidades propias del procesamiento de información provenientes de múltiples fuentes, para organizarla y reconstruir mundos posibles - pasados o futuros- de los que la obra de arte es un testigo crucial. Recién daba valor a muchas experiencias vividas en mi pueblo, la riqueza cultural que prodigó mi familia, ese mestizaje en costumbres y rituales, tanto en mi casa de la cuidad, como en la del campo.
¡Vacaciones!, apago el pucho de cigarro en el cenicero, mis dedos revolotean por mi cabellera, trato de ordenar mis planes para este largo periodo de descanso, un tanto ansioso vuelvo a encender otro cigarillo, cuando terminaba de sorber el último trago del café casi ya frío.. Emily asomaba su lacia cabellera y con una sonrisa casi traviesa me sacó del ensimismamiento en el cuál me encontraba… ¡te gustaría volver a viajar? casi resoplando el humo le contesté ¡claro!… bacán .. sale.
Ya habíamos viajado a Huarás, Cusco, Huancayo, sabíamos que eramos buenos compañeros de travesía y la propuesta era una tentación imposible de no aceptar.
Esta vez el destino es Chile..mi talante de aventurero recibió la oferta sin remilgos, además a mis 20 años de edad, sería la primera vez que saldría al extranjero.
Tentábamos en un papel hacer un mapa de ruta, nos encontrábamos muy estimulados por este nuevo proyecto, cuando Sonia con una curiosidad imposible de resistir, se acercó a preguntarnos el motivo de nuestra excitación; al ver la ruta trazada en el mapa pidió unirse a nuestro propósito. Un gran abrazo y un beso en las mejillas sellaron la conformación de este nuevo trío de viajeros y a la vez, estudiantes de arte.











