Fandango
Degustar un jamón era un registro que desde niño tuve en mis papilas, era del jamón serrano al estilo de Huarás, un pernil seco y después cocido con sus aliños característicos de esta parte de América; claro está el sello de la herencia ibérica con menjunjes de aderezo regional y característico de estas tierras serranas del norte chico peruano. Con un sabor intenso de aromas de humo, con olores de cocina a leña, con recuerdos atávicos, sentados en una mesa saboreando las bondades del cerdo noble y bondadoso. Ambrosía de fiesta, regado con un buen pisco para hacerlo más digestivo, más regalado. Ahora mis papilas prueban otras texturas de músculos con sabores parecidos, con otra intensidad, con otros maridajes que hacen de mi una persona afortunada, sentir el vino noble con señorío, con personalidad que enaltece el gusto del cochinillo es otro cuento. De Huarás a Manilva, un pueblo de Andalucía, existe una distancia que puede ser medible por las experiencias históricas de nuestros antepasados, pueblos pertenecientes a dos continentes separados y unidos por un sabor parecido, es cosa de magia, antes en mi infancia durante el banquete se escuchaba en el ambiente música regional característica, ahora sentado frente a un mesón con amigos, apurando tapas y bebiendo copas de vino, mis oidos se complacen con los deliciosos ritmos de un fandango andalúz, entonces me dí cuenta que no soy de aquí ni de allá, simplemente soy un tío amante de buen bocadillo que nos brinda el noble cochinillo.








Deje su comentario