El Niñotauro

Otra vez ha venido a verme el Niñotauro a cornearme el cerebro, a contarme por que nacemos y por que morimos. Por que nunca dejamos de ser niños aunque nos pongan los cuernos . Ha venido a deformar mi realidad. A que me enamore de el, o del niño, o del toro. No se a que a venido. Siempre se acerca flotando, y se posa a escasos metros, entre mis cosas. Me mira con sus ojos de reproche centenario y me habla como silbando. Me pregunta si iria a las corridas si los toros tuvieran cara de bebe. Me dice que a pesar de su cuerpo macho, es una niña, y me pregunta si creo que es guapa. Me pregunta si se de donde viene y si me acuerdo de que le conozco. Me hago el loco, y hago como que no le he visto, como haria un loco. O loco. Ella sonrie, remonta el vuelo como un insecto y cruza la habitacion dando un descomunal mugido hiriente. En el fondo me gusta el Niñotauro porque no entiendo ni su existencia ni su cometido. Me gusta, porque si todos lo vieramos, nos resultaria un ser de lo mas normal. Tan normal como se nos hace ver un Encierro, presenciar un parto, seguir impasibles el desarrollo de una guerra. Y mira que serian experiencias extrañas si no fueran habituales, ¿o que? Me gusta el Niñotauro, porque te cuenta cosas que no existen hasta que me las cuenta y yo las cuento. Me gusta, porque he conseguido sacarle una foto y ahora nadie puede decirme que fue un delirio, un invento. Atentos en las trincheras, que es dificil mantener la cordura y aun no estamos frente a frente con la Bestia, con la Fiesta. Aqui, es mas facil creer en el Niñotauro que en Dios, del que ni tan siquiera existe una foto.







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