Al otro lado de la oscuridad
Tenía aproximadamente 6 años, cursaba el nivel de transición en una escuelita estatal cerca de mi casa. Los primos Quijano eran compañeros de aula, como todo pillete éramos más de gustar del juego que del estudio (por lo menos yo). Entonces, asistíamos a la escuela en la mañana y también por la tarde. Al escuchar el silbato del profesor me apuré en guardar mis cuadernos y dibujos en mi maletín de cuero. Eran las 5 pm. hora de salida, con pasos firmes y sorteando los huecos que habían en el empredrado de la calle llegué a mi casa con un hambre para deborar los panes de hechura casera, con una buena porción de chicharrones que el marrano sacrificado prodigaba mi mesa. El aroma de café tostado invadía el atardecer, el sol se filtraba entre el humo que salía de las casas, era la hora del lonche.
Con el estómago complacido me puse a contemplar el atardecer encaramado en el molle que envejecía en mi huerta. Las nubes rosadas reflejaban el mismo color en los nevados, tornándose en vez rojizo y otra violeta, las hojas del árbol comienzan su danza al ritmo del viento que sopla indicando la declinación del sol, siento un poco de frío, es cuando el canto de los zorzales se ven interrumpidos por la campanada del Convento indicando la hora del ángelus. Mi madre, mi bisabuela, mi tia bisabuela y el personal de servicio rezan su rosario con entrega y convicción de su fé. Es un libreto cotidiano de jaculatorias en búsqueda del perdón de sus pecados. No pocas veces habia participado en dichas encomiendas, pidiendo al ángel de la guarda me libre de los peligros y de los temores de cruzarme con algún alma en pena o encontrarme con el mismísimo Satanás. Después de la cena para mis bisabuelas era un ritual sentarse en el patio principal a conversar acerca de los sucesos del día, y recordar anécdotas acerca de sus experiencias con apariciones y demás fenómenos parasicológicos. El alumbrado eléctrico era de tan baja potencia que ayudaba a crear velos de misterio en la penumbra y en la oscuridad. La casa donde vivia era tan grande que presentaba más de un recoveco donde se alojaba la oscuridad durante la noche.Mi carácter de aventurero y de bromista hacía que deba vencer mis temores hacia lo desconocido, a lo que ocultaba la oscuridad, para tener ventaja sobre los miedosos. Salir de mi casa de noche era una aventura para templar nervios y forjar fortaleza, una cuadra más allá estaba el último poste de alumbrado público y después solamente se veía un hueco negro por el que continuaba la calle que daba al panteón viejo.
Algunas veces traté de acercarme hasta el límite, entonces aparecían unas pequeñas luces que me parecían de fuego, se movian de un lado a otro, yo salía disparado de miedo. Un momento… pensé, no puede ser que aquellos destellos sean maléficos, pués en varias oportunidades había visto entrar y salir del hueco negro a los primos Quijano, ellos vivían al lado del panteón viejo, ¿cómo hacen para no tener miedo?, pensé… ¿que acuerdo o contrato hicieron con las almas en pena y los demonios? para verlos todos los días tranquilos en la escuela estatal.
Nunca les pregunté el cómo hacían para no tener miedo, solo pensé si ellos lo hacen porqué no yo.
Una noche oscura me propuse derrotar a mis miedos, traté de minimizar los relatos de mis bisabuelas, total eran cuentos de beatas, me acerqué despacio hacia el límite del hueco negro, vacilé, retrocedí, sentía un frio que surcaba mi columna hasta entumecer mis piernas, les daba órdenes mentales y mis miembros inferiores temblaban; ¡ nó… no puedo hacerlo!, me tomé los antebrazos, dí media vuelta y emprendí camino a casa, de cada 3 pasos que daba volvía mi rostro hacia el hueco negro, había caminado casi media cuadra cuando me crucé con el tío de los Quijano y le ví que entraba tranquilo a esa oscuridad a la que yo temía.
Esa noche debería ser el reto, no podía echarme atrás, habiá esperado mucho tiempo, respiré profundo caminé rápido y traspacé el límite de la oscuridad, entonces aparecieron los puntos de fuego, fueron acercándose hacia mi, comencé a tener frio, era tarde ya no podía regresar, no quería verme derrotado, mi temple de aventurero no me permitía abandonar esta empresa, tenía que salir vencedor y levantar mi espada como los caballeros de los cuentos de hadas cuando dan muerte al dragón de fuego. Los puntos de fuego iban tomando forma de ojos, pensé que eran enanos malévolos, pequeños hechiceros, gnomos fantásticos, hasta que un ladrido me sacó de mi ensimismamiento, entonces pude distinguir a tres perros que revoloteaban alrededor mio, veía las piedras del camino, la sequia que corria al costado de las casas, la silueta de los eucaliptos y los muros coronados con cactus, seguí caminando hasta llegar a la puerta del antiguo panteón, escuché pasos y me encontré con Lucho Quijano, sorprendido me dijo, hola qué haces por aquí, solamente alcancé a decirle, pues nada… paseando. Comencé a reir como un loquillo, había pasado el hueco negro, era un valiente, un chico con agallas. La oscuridad es sorprendente cuando entras en ella, cuando vences temores tienes más capacidad enfrentar cualquier sortilegio creado por los manipuladores en busca de poder.
Las noches siguientes llevaba a mis amigos para enfrentar sus temores, pasó mucho tiempo para que algunos enfrentaran el hueco negro, yo nunca les conté lo que me costó vencer ese trance. Ahora viendo algunas fotos de cuando niño vino a mi memoria esta etapa de mi vida… tal vez será que me estoy volviendo viejo o será simplemente que recordar es en todo volver a vivir.







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