FE DE RATAS
No me sorprendí al escuchar el otro día, cuando alguien comentaba que en Lima convivian con nuestra miseria humana algo así como 56 millones de ratas, 7 por cada infeliz que nació por estas tierras (si fuésemos chinos, con la pobreza y el hambre en un día se daba cuenta con estos animales).
Como es sabido éstos habitan en las cloacas, jardines publicos, casas, casuchas y por tanto son un peligro latente, estos transmiten enfermedades que pueden arrazar con poblaciones íntegras, el problema se agudiza cuando muchos de estos despreciables roedores se mimetizan con funcionarios públicos, con politicastros, militaruchos, abogaduchos, mogollón de profesionales y público en general, y como andamos tan distraidos pensando en vivir el día a día, nos damos cuenta solo cuando nos dejaron sin soga ni cabra. Pero es que la voracidad ratuna no tiene límites, además para desgracia tienen inteligencia y se asocian para delinquir. Aprendieron en sus escondrijos a utilizar el serrucho, la trampa (paradoja, ahora ellos nos ponen a los humanos) y al cotilleo mal intencionado, siembran desconcierto para cargarse con todo el botín. Estos andan casi siempre en cofradías.
Afortunadamente, gracias a un tío (cuyo nombre lo reservo por seguridad) ha descubierto la manera de identificarlos, es muy sencillo; debeís tener un buen sentido de observación, cuando veas a un grupúsculo de personas que caminan cuchicheando y con los hombros un tanto subidos sobre el eje de la clavícula, ¡ajá! ya es un indicador que identificaste a las ratas con apariencia humana. Bién, ahora asegúrate que se encuentren distraidos, acércate con mucho disimulo para observar detrás de la oreja derecha, ni respires, que puedes ser delatado por tus emanaciones túficas; si ves un solitario pelo blanco, tieso y largo, entonces ¡ felicitaciones ! descubriste a uno de estos miserables. Toma nota del desgraciado, si tienes celular (de comer puede faltar, pero celular ni de vainas) tómale una foto y envíalo por correo a todos los que te sea posible. Es una tarea un tanto complicada, pero es la única manera de poder identificarlos y exterminarlos a garrotazos en las avenidas más concurridas, para no escuchar su gritos (por la tremenda bulla del servicio de transporte público) y de paso aprovechar las zanjas abiertas por un alcaldecillo para darles “cristiana sepultura”.









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