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ENTREVISTA A QUIEN CREEN QUE PERDIO LA ILUSION

¡No soy tan aguado… hombre que dices! (hay gente que recién conozco y creen que pueden criticar tu forma de ser, ni siquiera conocen tu historia de vida y son tan torpes para aventurar valores).

Confieso que cuando niño FESTEJABA LA NAVIDAD, sí, viví intensamente esa ilusión.

Recuerdo que disfrutaba haciendo el pesebre o nacimiento con la sagrada familia y demás personajes que engalanaban la instalación.

En mi familia teníamos como herencia una belleza de misterio, (mucho tiempo después me enteré que llamaban misterio a la sagrada familia) eran unas imágenes traídas de Barcelona.

Todo un chiche escultórico; con prosapia catalana, que era un deleite observarlas y tocarlas.

Encontrar detalles de las uñas en los dedos del niño Manuelito, era toda una sorpresa. Habían sido trabajados con una meticulosidad que se podía ver y palpar, ni que decir de José y María, hermosas y finas esculturas hechas en madera fina de alcanfor.

¡Tocan a la puerta!

No eran los acostumbrados pordioseros que venían cada sábado a pedir limosna.

¡Son los vendedores de champa! (vegetación de punas y bofedales)

Esa vegetación verde, traída desde cerca de los nevados, era suave, tenía una textura aterciopelada y que luego pasaban a ser el soporte principal del nacimiento. Recibirá en su aun húmeda superficie, al pesebre, a los reyes magos, a los pastores y sus ovejas y todo cuanto personaje que se ponía para adorar al niño Manuelito.

Mi padre me entregó unos papeles para pintarlo, mi trabajo consistía en transformarlos en cerritos que pasarían a rodear el pesebre.

En mis tiempos libres se me ocurrió trabajar en madera de maguey una réplica de la esfinge de Egipto.

Claro, pensé; si Jesús nació en el medio oriente, entonces el nacimiento tiene que ser en el contexto geográfico y paisajístico concerniente a esa parte del mundo - ¡Ah! con pirámides mas.

Pero si está bonito, me dijo mi tía bisabuela.

Pero nuestra tradición es hacerlo de acuerdo a nuestro paisaje. El niño es de todas partes y para todos.

Sentí sus manos finas acariciando mi pelo.

Nosotros adoramos al niño, me dijo, y nuestra identidad tiene que estar representadas en las casitas de techo rojo, en las chocitas de paja, en las ovejitas de blanco pelaje, en los pequeños ríos que nos hablan de bendiciones, en los zorzales que cantan a la lluvia, en el labrador que nos brinda los frutos de la tierra.

Mi intención solamente era hacer del nacimiento una obra distinta, que rompa con lo que consideraba repetitivo y no innovador.

Mi madre preparaba un delicioso dulce de higo - Esos aromas a canela, clavo de olor que invadían hasta los rincones más olvidados de la casa, quedarían impregnados en las columnas, en los grandes ventanales, en los patios, en los pisos empedrados, dándole una atmósfera con sabor andaluz.

En mi pueblo las misas de gallo, eran todo un acontecimiento, las habían en la noche y en la madrugada, los chiquillos que acudíamos a estos rituales gozábamos como el mismo Mesías.

Se llevaba animales domésticos para acompañar al pesebre, la mayoría acudía con sus gallos, pues solían ser los más bullangueros con sus cánticos y aleteos.

Cuando ya estaba amaneciendo finalizaba la misa.

En la plaza de barrio se armaban unas peleas con estos domésticos plumíferos. Muchas veces aparecían muchachos de otros barrios buscando competir, el alba se llenaba con el sonido de los pitos, matracas, flautas y panderetas.

Los niños corríamos alrededor de los ruedos improvisados para entrar en calor, los vapores de nuestros alientos se cruzaban dando toques grises a los rayos del sol que aparecían tímidamente por las calles del este.

Era una algarabía.

Aún me acuerdo que en una madrugada de navidad, (tendría yo aproximadamente 7 años) mi padre nos hizo escuchar un aleteo, él aseguró que era el ángel quien venía a dejarnos los regalos por habernos portado bien.

Esa mañana muy temprano, los primeros rayos solares iluminaron unos paquetes con papeles de colores que estaban al pie de mi cama.

Por tradición, en mi hogar el desayuno consistía en un rico ponche de coco acompañado con panes y galletas hecho en casa, además del pan de pascua (diferente al panetón) y los infaltables buñuelos de yemas con miel de higos.

Era una delicia.

En el almuerzo, un buen lechón asado o un cordero como plato principal, unas buenas ensaladas, un estofado de gallina, cuyes al estilo huarasino regado con una chicha de maíz morado fermentado con frutas, que se le llamaba aloja.

La mesa siempre adornada de molletes, roscas y panecillos de variadas formas que mi madre con mucho amor sabía amasar para el deleite de la familia.

Han pasado muchos calendarios desde entonces, las circunstancias en mi vida me fueron alejando de lo católico y con todo lo que esa doctrina representa.

Pero creo, que a pesar de todo, procuré transmitir algo de lo que viví, a mi hija y a mi nieta.

Sobre todo ese sentido que la Navidad no es una fiesta para lucir los mejores regalos, ni las mejores galas, sino para compartir la alegría de encontrarnos alrededor de una mesa y disfrutar que aun estamos vivos y llenos de amor.

Ahora, cuando los amigos se enteran que no me gusta celebrar la Navidad, me miran con extrañeza.

Es que perdió sentido para mí.

La magia terminó creo que en el momento cuando mi madre murió y mi pueblo desapareció.

La Navidad para mí es como un sentimiento de tristeza, tal vez de evocaciones, del sentido familiar que entonces comulgábamos, o quizás porque ya no soy mas un niño.

La tradición familiar tiene esa fuerza atávica, es como una memoria que tiene que ser preservada a través del tiempo. Ahora comprendo la implicancia de tal práctica en las historias familiares.

Por consiguiente hay que respetarlas tal cual.

La tradición es el conjunto de costumbres, creencias y relatos de un pueblo, que se van transmitiendo de padres a hijos. Cada generación recibe el legado de las que la anteceden y colabora aportando lo suyo para las futuras. Así es que la tradición de una nación constituye su cultura popular y se forja de las costumbres de cada región

El conjunto de las tradiciones de un pueblo está integrado por festividades religiosas, ritos indígenas relacionados con las leyes de la naturaleza, supersticiones, cánticos, bailes, vestimentas, juegos, músicas, comidas…

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