EL CUY ALEGRE - segunda parte
Púchica Diego! – exclamó para sí, el reilón de marras.
Los ojos en ángulo de los compañeros que trataban de verse unos al costado de los otros, buscando al comedor de alfalfa a quien se había referido el instructor militar.
Alfredo, sabía que si alguien le acusaba, el castigo de salto de rana era inevitable.
Ya sentía que sus piernas flaqueaban esperando la orden.
Ningún compañero contestó a la pregunta que con sonido inquisidor hizo el sub-oficial.
Camilo vio el rictus de desesperación por contener la risa en los labios de Alfredo; solo él supo de donde venía ese sonido cobayesco que calificaba Mejía.
Camilito guardó silencio, pues ahora tenía una manera de retrucar a las bromas que siempre le hacia el recién bautizado risita de cuy.
Nadie acusó y por consiguiente no hubo castigo.
Mejía más colorado que lo normal tuvo que pasar por alto el evento.
Sonó la campana - ¡hora de salida! - Corríamos prestos a coger nuestros maletines para enrumbarnos a nuestras casas para deleitarnos con el almuerzo de acuerdo a las economías y las clases sociales de las familias provincianas.
Entonces; se estudiaba en las mañanas y se continuaba en las tardes.
Después de un suculento almuerzo, Alfredo reingresaba a la escuela.
Camilo le esperaba cachaciento para ser el primero en llamarle risita de cuy.
Y fue así, tal cual como que el recuerdo queda escrito - ¡ risita de cuy! jojojojo
¡La cagada ¡… me jorobé, pensó Alfredo…. con la mirada relojeó a quienes estaban presentes, y sí, vio muchos dientes que se asomaban tímidamente entre los labios de sus compañeros que sonreían por el nuevo apodo estrenado y participado por Camilito.
(Jodiste muchachito, eres el burlón burlado y ahora cómo enfrentas esto).
Alfredito… calmo, sabía en que se metía al ser chacotero. Siempre hay una funda para la pistola pensó.
Se ajustó la corbata, hizo el ademán de limpiar la manga y con un movimiento de cuello enfrentó lo que se venía.
Tal seguridad amilanó a los que quisieron fastidiar, Camilo solamente atinó a decir hola risita de cuy.
Al bergante Alfredo hasta le sonó gracioso, movió los hombros y aceptó de buen talante el flamante apodo.
Terminando el quinto de primaria normalmente se disgregan los que fueron compañeros de clase.
En el lapso de las vacaciones pasan muchas cosas y también se olvidan otras tantas.
En el primer día de clase de educación secundaria, en un gran Colegio, La GUE “La Libertad, ” la solemnidad de iniciación, el discurso del director y las palabras de bienvenida de los diferentes profesores, hacían momentos cargados de fastidio para el carácter contemplativo de Alfredo; quien restregándose los dedos ubicados a la altura del sacro y en la posición militar de descanso hacía una figuras que expresaban aburrimiento.
Pero ver a Camilito parado bajo el sol serrano de las 9 a.m. resoplando por la temperatura quemante de las mañanas serranas, fue un energizante que sirvió para soportar sin requintar la tediosa y aburrida ceremonia.
El también me vio, y con una sonrisa entre cachoso y tímido me saludó, “hola cuysito.”
Acepte como un cumplido, sin darme cuenta que aceptaba sin pila bautismal ni chorro de agua mi nuevo nombre.
El cuy me acompañó durante los seis años que duraron mis estudios de secundaria (cursando el tercer año me enamoré perdidamente y repetí el año, esa es otra historia pronto a contar) .
El cuy Alegre llegó a ser muy querido por su carácter, por sus anécdotas, era buen amigo, gran bromista, mejor bailarín y para organizar eventos no había alguien mejor.
Su habilidad para el dibujo y la caricatura lo convirtieron en un personaje.
En muchas fiestas de carnavales, de clubes, de patotas siempre tenía que ver el. Es que tenía una habilidad para decorar y habilitar espacios para el gozo de los bailantes.
El cuy llegó a ser tan popular entre los amigos y las amigas que sucedió más de una vez que muchachos que llegaban a Huaraz preguntaban por el.
Cuenta Alfredo que una tarde se le acercaron dos limeñitos a preguntarle donde era la fiesta organizada por el cuy Alegre, estaban parados ante el, pero no sabían que detrás esa sonrisa tímida, se encontraba el tremendo personaje que doblegaba a los más abusivos con un dibujo o una historieta .
Recién Alfredo se dio cuenta que el cuy era más humano que el, tenía mejores posibilidades de alcance con los amigos, era confidente, era complaciente, era oídos de cuitas, era un bicho macanudo, todo un señor cuy Alegre.
Este personaje gracioso causó una risa extraña en su madre, tal vez ella interpretó historias o asociaciones mágicas que nunca le pregunté.
El cuycito, jaca, huichic.. Vivió contento y feliz entre las callecitas estrechas de su pueblo, con sus paredes blancas y techos rojos .. Y el paisaje encantador del callejón de Huaylas.
Parece que el terremoto del 70 enterró al buen cuy.
Alfredo se fue desvaneciendo en el tiempo, los amigos se fueron separando para ubicarse en nuevos contextos, con otras amistades y en otros lugares fuera de su terruño.
La extraña y corta agonía de Alfredo se fue reencarnado en Hugo, quien comenzaba a presentarse en sociedad con su nueva identidad.
Ya instalado en Lima, Alfredo quedó solamente para sus familiares y Hugo comenzaba a integrarse en ese nuevo grupo humano que serían después sus amigos y conocidos.
Ahora como Hugo Alegre extraño al cuy, ciertamente fue un compañero en mis momentos de tristeza, fue mi confidente cuando estuve enamorado perdidamente de la Chaposa, fue mi cómplice en travesuras de adolescente, el cuysito tan leal y entrañable buen amigo que se perdió en la historia de ese mi pueblo que nunca volvería a ser el mismo.
Hoy todos me conocen como Hugo, un amigo de infancia aún me llama Hugo Alfredo, y creo que a mi edad de 59 años, debo rendir homenaje a ese cuysito que me acompañó en mi adolescencia y parte de mi juventud.
Creo que le debo a él, los momentos más felices de permanencia en mi tierra natal…. con ese paisaje andino… con las fiestas patronales.. las fiestas de barrio.. de amigos, en fin con todo aquello que forja una identidad, una forma de vida y porqué no, una cultura.
El cuy Alegre vivirá en cuanto los amigos se acuerden de él, de su ocurrencias, de su modo peculiar de vivir la vida….en fin creo que el cuycito siempre fue travieso, ocurrente y sobre todo buen amigo.






Noviembre 15th, 2009 at 15:26
Abuelitoo tu cuento me hizo llorar, en verdad esta muy bueno. Te quiero mucho