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UN DIA METIDO EN OTRO DIA…

¡Desgraciado, hijo de la gran flauta! …¿donde te sacaron tan dulce melodía?

Acaso no pudiste resistir el sabor del alfeñique…que en paquete de cinco centavos te ofrecí?

¡Te portas mal y quieres que te ame, te amo mal y te portas como el más fiel!

¿Donde podemos encontrar la tranquilidad que tanto me hablaste?

Es un verano tibio como la cera de misa de viernes santo y ya comienza a dolerme las rodillas de tanto estar culpándome.

¿Acaso no comí el empalagoso alfeñique de dos por medio que me ofreciste? … entonces ¿de qué me acusas joven insolente?

No te lavaste los dientes, y encima te mordiste la lengua, hablaste con palabras sucias y con malas intenciones.

Acabo de esconder la pistola para jugar al detective y levanto la copa de vino, para brindar por la mujer que no vino.

No molesten que esté esperando al fotógrafo flaco, para que tome un par de vasos de la ventana junto al naranjo.

Después de haber comido esos exquisitos garbanzos, la panza me recuerda a cada momento con félidos sonidos.

¿Por qué la digestión será tan lenta y pesada?.

Justifiquen los feriados chupando como Dios manda, que de a poco también lo haré acompañado de mis recuerdos.

Cuando niño jamás me permitieron reír en viernes santo, menos jugar o hacer bulla. (mientras el pescado miraba triste y con lágrimas frescas rodando por sus coloradas agallas).

Las campanas tañen detrás de las ventanas de mi patio, rebotan en las paredes y las puertas, incluso inquietan al nervioso chucho guardián.

El metálico sonido me parece a una mano huesuda que trata de jalarme para ir a misa.

Me escondo tras la vieja escalera de eucaliptos, pensando burlar al espectro,

pero dentro de mí pecho comienza un retumbo de culpa…de ingratitud, de deslealtad a quién dicen murió por ti.

Veo pasar por mi zaguán mujeres en riguroso negro, la cabeza cubierta con una mantilla en señal de luto. Pasan tan seguido, unas tras otras, rezando, llorando, clamando… que me da mareos, siento un sudor helado por mi espalda, convulsiono…

Acaricio mis dedos esperando sus manos, esperando los míos… siento calor…siento frío

Salgo corriendo para buscar la pistola que en mis recuerdos escondí,

la tomo… la acaricio… la limpio y disparo hasta quemar mis hirsutas y blancas cejas de viejo.

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