MAMITA… LOS CHILENOS
Por LORENA TUDELA LOVEDAY
AY hija, quién entiende al mundo, el otro día me tuve que ir a Santiago para ver a una familia a la que le hago terapia allá que, pucha, o sea, el papá era un alemán millonarísimo y más nazi que yo demócrata; la mamá, cómo te explico, ìntima amiga de mi tía María Amalia de Osma Tudela Riva Agüero y Aliaga de Losada y Puga. Uno de los hijos es el dueño de la empresa de cobre más grande de Chile pero al otro, o sea, Pinochet en los seventies lo torturó de tal forma (en esa época la gente regia era de izquierda), que cuando se encuentra con su hermano, pucha, lo persigue con una linterna a pilas alucinando que es la picana eléctrica con la que va a tomarse la revancha.
Bueno, me subo al Lan (en primera, of course), y qué crees: estaba ya sentada en el avión, agotada, pucha, con mi Calvados en la mano y mi troncho en el sistema sanguíneo, cuando en eso veo a mi empleada, ni más ni menos que a la Jessica’s Yessenia’s que me había pedido permiso para irse a Puno a la verbena de su Candelaria, bien campante ella, entrando a la clase turista, pucha, con mi blusa Dona Karan floreada y mis aretes de Esther Ventura hechos con culitos de mono maquisapa engastados en salitre de Huancabamba, viajando a Chile en el mismo avión que yo.
Bueno, otro Calvados y a reponerse de la impresión, porque hija, me dio una curiosidad tremenda descubrir cómo sería entonces la composición social de esa parte del avión, así que me puse a mirar a través de la cortinita y te lo juro, pucha, me dio una ternura total ver cómo ahora los niupes1 (había miles de ellos, de todas las edades) se suben al avión como antes lo hacían al TEPSA, súper movilizados socialmente y además, o sea, sin haber perdido para nada su identidad porque hija, o sea, primero que el avión olía, cómo te explico, a esa clásica mezcla de pañal con colonia Pecado de Eva que tanto extraño cuando estoy fuera (porque cuando estoy dentro, ¡la oooooooodio!), y además, de lo más cuchis ellos, o sea, llenos de bultos, canastas, bolsas del mercado y por ahí llegué a ver incluso un par de cuyes chactados que te lo juro que me produjeronn una emoción más telúrica que el concierto de Mercedes Sosa que escuché en Buenos Aires en 1976.
Bueno, me quedé seca (arrullada, por supuesto, por el llantito de varios niupecitos que jorobaban por atrás) y cuando llegamos a Pudahuel me bajo del avión y paso todos los controles sin mirar siquiera a los rotuelos que te chequean, porque estaba con un dolor de cabeza de la jijuna, hija, debe ser porque soñé que un huaico marrón se llevaba mi departamento, mi consultorio y hasta a mi perrita la Larrabure2.
En fin, la cosa es que mi equipaje se demoró no sé por qué idiotez, lo que me permitió ver que, pucha, a ninguno de los pobres niupes los dejaban pasar en el control de inmigración, y como mi sentido de la justicia social es más grande que los problemas del Perú (el hijo de chancho del Alan García decía un mamarracho por el estilo, ¿no?), o sea, me acerqué donde el funcionario y simplemente lo miré como se debe mirar a un funcionario, no sé si me entiendes, con sonido en off de bamboleo de coronas y una orden implícita de irse a comer a la cocina una vez terminado el diálogo.
Bueno, el cholo roto ese entró en tal pánico, hija, que abrió la puerta y se metió toda la peruanidad oprimida a Chile (me pareció ver en el laberinto que había un par de congresistas), incluyendo a mi Jessica’s Yessenia’s, que bueno, o sea, decidí perderla pero ella en cambio ya debe estar regia cuidándole los bebes a alguna GCU de Santiago, que para eso es la vida, dejémonos de cucufaterías.
Ahora, claro, yo bien patriota y justiciera social, pero aquí entre nos, pucha, no sé qué haría si los chilenos nos empiezan a devolver la pelota, pucha, mandándonos recuas de desempleados. Ay, ¿sabes qué?, yo creo que yo fui una mujer feliz hasta antes de la globalización. Esto nunca lo he dicho y jura que de ti no sale. Es que todo, o sea, aunque fuera chapucero, ay no sé, guardaba un orden. Pero hoy, qué quieres que te diga, cuando en menos de ocho horas te encuentras con tu servidumbre en el mismo vuelo que tú y además la ayudas a ser una migrante clandestina, no me sorprenderá entonces que hoy me acueste Lorena Tudela y mañana me levante Wendy Menéndez. ¡Guauuuu! Chau, chau. (Rafo León)
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1 Niupe de New y Perú. Peruanismo que se le escapó a la Martha Hildebrandt. Significa cholo, a secas, sino que como ahora te miran pésimo si te la pasas choleando a todo el mundo, o sea, mejor es decir Niupe.
2 Como ya lo puse acá alguna vez, o sea, se llama así por gorda, bruta y porque le encanta el pollo, ¿ya?






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