Hugo Alegre banner

Arte / muestras El jardín secreto


Por Nathalie Kantt
Para LA NACION -París, 2009

Andy Warhol es de esos artistas que conciben abiertamente la creación ligada a la fama.

En los años 60, cuando iniciaba su camino en el mundo de los retratos, dijo: “Todos mis retratos deben tener el mismo formato, para que puedan presentarse juntos y terminen formando un único gran cuadro titulado Retratos de la sociedad . Buena idea, ¿no? Quizás el Metropolitan Museum quiera adquirirlo algún día”.

Hoy, mirando el colosal Grand Palais, aquí en París, Andy Warhol posiblemente sonreiría. Y no sólo porque unos 250 retratos, de los 1000 que realizó desde principios de 1960 hasta su muerte, en 1987, están expuestos hasta el 13 de julio: la muestra atrae unas 4500 personas por día durante la semana y 7000 visitantes diarios durante el fin de semana.

Con tacos, sombreros, pañuelos o moños. Adolescentes y familias. Turistas y franceses. Salvo los precavidos que compran sus entradas por Internet, todos esperan en fila. Mínimo dos horas, bajo el sol o la conocida llovizna parisina, para ver a Brigitte Bardot, a Carolina Herrera o a Gianni Agnelli en colores.

Es la primera vez que una exposición reúne un número tan grande de retratos y se dedica por entero a Andy Warhol en su rol de retratista. Después de realizar, en 1962, sus conocidos cuadros de Marilyn Monroe, Liz Taylor y Elvis Presley, y de su reinterpretación de La Gioconda , Warhol se dedicó a retratar, a pedido, a cientos de personalidades, célebres y desconocidas. A partir de 1970, en The Factory, su atelier en Nueva York, el artista recibió a sus clientes, los maquilló, los fotografió con su Polaroid Big Shot, seleccionó los clichés, los coloreó y, utilizando la técnica de la serigrafía, los imprimió sobre telas.

Para su curador, Alain Cueff, esta exposición permite mostrar cómo funcionaba Warhol. “Todos somos contradictorios, todos tenemos un jardín secreto. En Warhol, la coexistencia de contradicciones es muy importante. Es un artista mundano, instalado en el corazón de Nueva York, que juega y se divierte, pero es también muy serio y trabajador. Y consagra todo su talento a algo”, explicó Cueff en diálogo con adn cultura.

En los enormes espacios blancos del Grand Palais, y con inscripciones sobre las paredes de algunas frases de Warhol -una técnica enriquecedora aunque recurrente en las muestras parisinas-, la exposición, posible por el apoyo del grupo LVMH, está dividida por temas que dejan entrever los intereses del artista. En “íconos modernos”, los 16 cuadrados con la imagen de Jackie Kennedy contrastan con los retratos de los criminales anónimos más buscados. En “arte y comercio”, 36 poses distintas de la coleccionista americana Ethel Scull, la primera en pedir un retrato a Warhol. En otra pared, “Mao y la cuestión del género”, su gran serie consagrada a Mao Tse-tung en 1972. Bajo el título “el mundo del arte”, retratos de marchands , artistas, escultores y arquitectos con los que mantuvo fuertes lazos de amistad. La lista sigue con personalidades ligadas al glamour , como Roy Halston y Hélène Rochas; con una sala dedicada a la monarquía y a los políticos, y con los “10 retratos de judíos del siglo XX” -de Freud a los hermanos Marx, y de Sarah Bernhardt a Golda Meir-, a pedido del marchand Ronald Feldman.

El dinero fue central en la obra y vida de Warhol. Todos podían ser retratados, con un único criterio de selección: pagar 25.000 dólares por un primer cuadro, y 15.000 por el siguiente. Así, sus clientes vinieron de todos lados del mundo. Como ejemplo, llama la atención la tela titulada Nine heads of Japanese Corporations , en la que retrata a nueve ejecutivos japoneses completamente desconocidos.

Algunos retratos pertenecen al museo Andy Warhol de Pittsburg, pero muchos son de colecciones privadas. “Tuve que entrar en contacto con marchands , intermediarios y colaboradores, seguirles la pista y después elegir en función de la naturaleza y de la época”, cuenta Cueff. Hasta último momento, muchos lo llamaban porque se habían enterado de la exposición y querían participar. “Un retrato es siempre mitológico. Es algo muy especial. Y algunos querían a toda costa que su retrato estuviese expuesto”, explica.

La excepción fue Pierre Bergé, compañero del difunto Yves Saint Laurent, que retiró de la muestra el célebre cuádruple de colores con dos fotografías de YSL. Según se supo, Bergé consideró que esas imágenes merecían estar expuestas entre los artistas y no entre los diseñadores.

Por suerte no pasó lo mismo con el retrato de Silvestre Stallone, el preferido de Cueff. “Es la metamorfosis de un personaje. Esperamos un macho pero aparece con una mirada de niño. Y eso es revelador de la posición de Warhol: no juzga, no tiene prejuicios. Está sólo interesado en el funcionamiento de las apariencias. Y entendió el rol que la belleza puede jugar en los medios”.

Deje su comentario