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Los intelectuales

Sarah Thornton “Para el público, el arte moderno es una cuestión de fe” Al asignar valor a una obra se actúa de modo casi religioso, dice la socióloga canadiense.

LONDRES.- The Daily Telegraph calificó a la socióloga Sarah Thornton como “la persona con más onda del ambiente académico”. No es difícil darle la razón. Su primer libro, Club Cultures, de 1996, es una exploración etnográfica de los submundos de las discos de música electrónica londinense y ya es considerado un clásico. Más recientemente escribió Siete días en el mundo del arte (sale este mes en la Argentina), que estuvo en las listas de los diez mejores libros de arte de The New York Times, The Sunday Times y The Independent.

“El arte contemporáneo requiere muchas veces un acto de fe de parte del observador”, dice Thornton, y añade que le encantaría asistir alguna vez a una edición de arteBA.

Para escribir sus ensayos, Thornton, de 44 años, se convierte tanto en observadora como en parte de la escena que retrata. Y así como varios años atrás se la podría haber encontrado bailando en la rave masiva más descontrolada del momento, ahora la cita con LA NACION es en un coqueto pub a la vuelta de una de las grandes casas de remate de Londres.

Ambos mundos tienen mucho en común. “Los dos están llenos de distinciones culturales obsesivas sobre lo que es bueno, malo, cool o pasado de moda. Luego, están los personajes clave, como los DJ en las discos y los martilleros en los remates. Ellos instigan y orquestan, y si bien hay algo de predecible en su trabajo, hay también gran parte de espontaneidad”, señala.

En su flamante libro, Thornton no se queda sólo con los remates, sino que analiza también las ferias de arte, las revistas especializadas, las universidades, las bienales, los grandes premios y los estudios de artistas consagrados. “El mundo del arte está lleno de facciones en guerra. Es mucho más intensamente jerárquico que las culturas juveniles que giran alrededor de los boliches. Pero lo que lo hace interesante es que estas jerarquías son extremadamente volátiles y dependen de la perspectiva del participante. Las jerarquías en el mundo del arte son especialmente borrosas, porque no están basadas en los precios de venta, sino en la validación, legitimación, o como quieran llamarlo, de los artistas. Básicamente, se trata de la creencia en el valor de su trabajo”, explica.

-Pero si estamos, por ejemplo, frente a la típica instalación de arte contemporáneo incomprensible, ¿cómo podemos saber si es arte o no?

-A menudo es imposible saber, pero uno lo siente, a veces, en los huesos. El arte no es ciencia. Explora el mundo a través de lo irracional, y entonces lo que parece tonto o ridículo o incomprensible puede ser una avenida interesante de exploración. Después de mirar muchas obras, uno debe preguntarse: “¿Es esto intrigante?”. Si no lo es, hay que pasar a la obra siguiente. Hay una enorme producción en el arte contemporáneo. Hay que buscar la que tiene significado para uno.

-En el libro, usted compara el arte con la religión.

-El arte contemporáneo es algo de lo que a menudo se habla en términos de una creencia o un credo, y, en efecto, son obras que frecuentemente requieren cierta fe en ellas de parte del observador. Artistas individuales e incluso ciertas galerías pueden ofrecer un sentimiento de comunidad no del todo distinto del de una iglesia. Existen muchos paralelos entre arte y religión. Ambos, en el mejor de los casos, están en busca del significado, la belleza y la epifanía en la vida.

-¿Qué opina de la crítica de arte y del lenguaje críptico que muchas veces usan las revistas especializadas?

-De hecho, los códigos de aparente “seriedad” en lo escrito no sólo son importantes en la crítica de arte, sino en los departamentos de historia del arte de las universidades y en los círculos literarios. Yo espero escribir sin ninguno de esos gestos retóricos. Todavía creo que es mejor llegar a lo fundamental a través de la observación y el humor, más que con el tono solemne y las palabras rebuscadas. Gente que raramente lee nada me ha dicho que devoró Siete días… , y para mí eso es un gran elogio. Es casi una cuestión ética, una forma de lidiar con los sentimientos conflictivos que se sienten como etnógrafo de la elite.

-¿Quién es el responsable del éxito o fracaso de un artista?

-Desde 1960, las maestrías en Bellas Artes que otorgan las universidades se han convertido en el primer legitimador de la carrera de un artista. Esta cadena de legitimación es seguida por la representación de un galerista, becas y premios, inclusión en colecciones privadas prestigiosas, participación en una muestra grupal en un museo, exposición internacional en una bienal, participación en una muestra individual en un gran museo público (idealmente, la gran retrospectiva) y, por fin, un alto valor de reventa de las obras en las subastas internacionales. Esto no es un proceso lineal, sino un fraguado en conflicto en cada etapa.

-¿Había algún mito en particular que buscaba desterrar con su libro?

-Justamente, uno era que el gran arte y los grandes artistas surgen de la nada, sin la ayuda de un ejército de otras personas. Otro mito es que el mundo del arte no es sobre el arte. Eso es mentira. Todas las subculturas del mundo del arte son sobre el arte, pero abrazan distintas definiciones de lo que es el arte y tienen distintas maneras de valorarlo.

-¿Cuánto afectó la crisis económica al mundo del arte?

-Tuve la suerte de que el mercado no cayera mientras estaba escribiendo el libro, porque así quedó como un racconto de una época particularmente loca. Desde septiembre último, el volumen de ventas ha caído a pique. Solía ser lo que se llama un mercado para vendedores. Ahora es un mercado para compradores, así que el balance de poder entre galeristas y coleccionistas se ha invertido. Los coleccionistas definitivamente ya no tienen que esperar en fila y rogar para comprar obras de los artistas más calientes. Aunque el mundo del arte se ha vuelto más pequeño y más lento, la mayor parte de las personalidades y las estructuras se mantienen igual. Los galeristas son galeristas, los artistas siguen trabajando y los curadores siguen colgando las obras.

-Dentro de pocos días comienza en Buenos Aires arteBA. ¿Qué opina de las ferias? ¿Y de la producción argentina?

-Las ferias son muy importantes para la diseminación del arte. Durante el boom , parecía haber una feria en algún punto del planeta cada semana. Muchas son importantes local o regionalmente, pero pocas internacionalmente. Son extremadamente útiles para la gente ocupada que no tiene tiempo de ir a las galerías y son muy útiles para establecer contactos. En general, yo las disfruto, siempre que no estén demasiado concurridas. Es un ambiente duro para el arte y el artista, pero una buena prueba. En mi libro hablo sobre León Ferrari, pero desde mi perspectiva inglesa. No estoy segura de quién es argentino. Rirkrit Tiravanija y Lucio Fontana nacieron allí. ¿Han sido reclamados para la nación? En Londres he visto exposiciones muy interesantes de Guillermo Kuitca y Pablo Bronstein. Nunca he ido al país ni a sus ferias, pero me encantaría hacerlo…

SARAH THORNTON
Socióloga y escritora

Fuente: LA NACION

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